No hay noche en la que no la contemple en sueños... y cuando no la encuentro la busco, para satisfacer mi ansia.
Sé que no puedo, sé que no debo, pero ella está ahí siempre para mi... hace tiempo que me ha hipnotizado, con sus curvas, su luz natural que sin querer me ilumina cuando estoy agotado.
Lloro cuando el cielo se llena de nubes, lloro cuando no la veo... aunque sepa que nunca me dejara, aunque sepa que ella, tras ese manto de turbia oscuridad sigue ahí en lo más alto del satírico cielo, en ese momento, simplemente lloro por no poder observarla fijamente desde mi ventana para poder quedarme absorto ante su grandeza, ante su indescriptible belleza... a veces enorme y a veces ínfima, pero ella no cambia, sigue siendo la misma frente a mí, la misma de siempre, la que me entiende, la que me comprende... amor imposible, mi niña de noches sombrías... aquella que me acompaña en esas noches frías y solitarias, en las que la oscuridad inunda mi alma.
Única
compañía ante mi letargo, frustrado por junto a ella no poder estar... la luz
de mi oscuridad, la calma de mi mal estar... tan suave, tan pura... tan...
perfecta. Nunca dice nada, se en que piensa... se lo que opina, sé que me llama
para acompañarla desde su despertar y así seguirla como un mero espectador frente
a un televisor, ensimismado... es como me quedo ante su fragilidad,
ensimismado... a sabiendas de que quizás nunca la podre alcanzar.
Ensimismado, enamorado y lastimado, es como me siento al mirarla...noche tras
noche... hasta el amanecer... donde como acto de magia la veo desaparecer...
A.